El cuento libertario dice que si el Estado se quita, el mercado resuelve todo. Colombia en 1986 es un buen baño de realidad. El gobierno de Belisario Betancur decidió no meter dinero público para el Mundial. Nada de estadios, carreteras o aeropuertos financiados por el erario.
¿Y el glorioso sector privado? Interesado, sí. Capaz de hacerlo solo, no.
El proyecto simplemente se cayó.
No porque faltaran empresarios visionarios, sino porque sin Estado no hay punto de partida. Sin punto de partida, no hay Mundial, no hay negocio, no hay nada.
Pero algunos insisten en vender la fantasía engañabobos de que todo en "el mercado" se arregla solo.